domingo, 30 de abril de 2017

Domingos motivadores (47)

Queremos una segunda taza de café para las fotos que subimos a Instagram los domingos por la mañana, otro par de zapatos en nuestras fotos artísticas de pies. Queremos poner en Facebook que tenemos una relación para que todo el mundo pueda darle a “me gusta” y poner un comentario, queremos una publicación digna del hashtag #parejaperfecta. Queremos tener a alguien con quien ir de brunch los domingos, con quien quejarnos los lunes, con quien comer pizza los martes y que nos desee buenos días los miércoles. Queremos llevar acompañante a las bodas a las que nos inviten (¿Cómo lo habrán hecho? ¿Cómo habrán conseguido un felices para siempre?). Pero somos de la generación que no quiere relaciones.
Buceamos por Tinder en un intento de encontrar a la persona adecuada. Como si tratáramos de hacer un pedido a domicilio de nuestra alma gemela. Leemos artículos como Cinco maneras de saber que le gustas o Siete formas de gustarle, con la esperanza de ser capaces de moldear a una persona para tener una relación con ella, como si de un proyecto de artesanía que hemos visto en Pinterest se tratase. Invertimos más tiempo en nuestros perfiles de Tinder que en nuestra personalidad. Y aun así no queremos tener una relación.
Hablamos y escribimos mensajes de texto, mandamos fotos o vídeos por Snapchat y tenemos conversaciones subidas de tono. Salimos y aprovechamos la happy hour, vamos a tomar un café o a beber cerveza; cualquier cosa con tal de evitar tener una cita de verdad. Nos mandamos mensajes para quedar y mantener una charla insustancial de una hora solo para volver a casa y seguir manteniendo una charla insustancial mediante mensajes de texto. Al jugar mutuamente a juegos en los que nadie es el ganador, renunciamos a cualquier oportunidad de lograr una conexión real. Competimos por ser el más indiferente, el de la actitud más apática y el menos disponible emocionalmente. Y acabamos ganando en la categoría el que acabará solo.
Queremos la fachada de una relación, pero no queremos el esfuerzo que implica tenerla. Queremos cogernos de las manos, pero no mantener contacto visual; queremos coquetear, pero no tener conversaciones serias; queremos promesas, pero no compromiso real; queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implican. Queremos un felices para siempre, pero no queremos esforzarnos aquí y ahora. Queremos tener relaciones profundas, pero sin ir muy en serio. Queremos un amor de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar.Leer más…
Queremos alguien que nos dé la mano, pero no queremos darle a alguien el poder para hacernos daño. Queremos oír frases cutres de ligoteo, pero no queremos que nos conquisten… porque eso implica que nos pueden dejar. Queremos que nos barran los pies, pero, al mismo tiempo, seguir siendo independientes y vivir con seguridad y a nuestro aire. Queremos seguir persiguiendo a la idea del amor, pero no queremos caer en ella.
No queremos relaciones: queremos amigos con derecho a roce, “mantita y peli” y fotos sin ropa por Snapchat. Queremos todo aquello que nos haga vivir la ilusión de que tenemos una relación, pero sin tener una relación de verdad. Queremos todas las recompensas sin asumir ningún riesgo, queremos todos los beneficios sin ningún coste. Queremos sentir que conectamos con alguien lo suficiente, pero no demasiado. Queremos comprometernos un poco, pero no al cien por cien. Nos lo tomamos con calma: vamos viendo a dónde van las cosas, no nos gusta poner etiquetas, simplemente salimos con alguien.
Cuando parece que la cosa empieza a ir en serio, huimos. Nos escondemos. Nos vamos. Hay muchos peces en el mar. Siempre hay más oportunidades de encontrar el amor. Pero hay muy pocas de mantenerlo hoy en día…
Esperamos encontrar la felicidad. Queremos descargarnos a la persona perfecta para nosotros como si fuera una aplicación nueva; que puede actualizarse cada vez que hay un fallo, guardarse fácilmente en una carpeta y borrarse cuando ya no se utiliza. No queremos abrirnos; o, lo que es peor, no queremos ayudar a nadie a abrirse. Queremos mantener lo feo tras una portada, esconder las imperfecciones bajo filtros de Instagram, ver otro episodio de una serie en vez de tener una conversación real. Nos gusta la idea de querer a alguien a pesar de sus defectos, pero seguimos sin dejarle ver la luz del día a nuestro auténtico yo.
Sentimos que tenemos derecho al amor, igual que nos sentimos con derecho a un trabajo a jornada completa al salir de la universidad. Nuestra juventud repleta de trofeos nos ha enseñado que si queremos algo, merecemos tenerlo. Nuestra infancia rebosante de películas Disney nos ha enseñado que las almas gemelas, el amor verdadero y el felices para siempre existen para todos. Y por eso no nos esforzamos ni nos preguntamos por qué no ha aparecido el príncipe o la princesa azul. Nos cruzamos de brazos, enfadados porque no encontramos a nuestra media naranja. ¿Dónde está nuestro premio de consolación? Hemos participado, estamos aquí. ¿Dónde está la relación que merecemos? ¿Dónde está el amor verdadero que nos han prometido?
Queremos a un suplente, no a una persona. Queremos un cuerpo, no una pareja. Queremos a alguien que se siente a nuestro lado en el sofá mientras navegamos sin rumbo fijo por las redes sociales y abrimos otra aplicación para distraernos de nuestras vidas. Queremos mantener el equilibrio: fingir que no tenemos sentimientos aunque seamos un libro abierto; queremos que nos necesiten, pero no queremos necesitar a nadie. Nos cruzamos de brazos y discutimos las reglas con nuestros amigos, pero ninguno conoce el juego al que estamos intentando jugar. Porque el problema de que nuestra generación no quiera relaciones es que, al final del día, sí que las queremos.
Krysti Wilkinson

jueves, 27 de abril de 2017

miércoles, 19 de abril de 2017

Motivo 82: Propósitos

Me hace gracia que, aunque pasen los años y no tenga vacaciones ni trimestres como cuando en el cole, y tampoco tenga niños, la vida siga marcada inconscientemente por trimestres.

miércoles, 12 de abril de 2017

Motivo 81: Semana Santa

Hace casi dos meses que no me paso por aquí, y hoy al verlo me ha dado hasta miedo. 

No es que no piense en el blog, todo lo contrario... de hecho sé que ha sido su cumple recientemente aunque no le haya hecho ni caso.

Hoy no voy a justificarme... siempre es un exceso de cosas buenas y malas, de una mezcla de todo un poco, lo que me aleja de mi casa virtual. Y eso es bueno y es malo a su vez... el caso es que hoy me apetece sentarme a escribir y aquí estoy.

domingo, 26 de febrero de 2017

Domingos motivadores (46)


Nuestra vida es como un barco que debemos conducir nosotros 
y no las circunstancias u otras personas.

La vida es como el mar imponente, inmenso, peligroso y bello.

Nuestra vida, como el barco,
 tiene la vocación de explorar, de conocer, de movilizarse, 
no nacimos para estar anclados.

Los valores son como la brújula que nos indica en dónde estamos
 y el lugar al que queremos llegar.

Las fortalezas son el motor de nuestra vida, 
la fuerza que nos moviliza a nuestro destino (valores).

Identificar y trabajar en nuestras fortalezas 
es la clave para llegar a nuestro destino deseado.

Muchas personas se anclan o se hunden en el mar de la vida
 y les podemos ayudar desde las estrategias que nos da la psicología.

Autor: Iván Cardona

lunes, 20 de febrero de 2017

Motivo 80: Punto de referencia

En las últimas semanas han pasado cosas y, aunque no tengo excesivo tiempo para comerme la cabeza, mi cocorota va sola y se dedica siempre a reflexionar y sacarle tres pies al gato...

lunes, 6 de febrero de 2017

Reto: Cuando yo era pequeña... (II)

Siguiendo las preguntas que encontré en el blog de Rosana, prosigo con este viaje por mi más tierna infancia...

13. ¿Heridas memorables?
Cuando tenía 4 años, me rompí la muñeca. Fue en el colegio, pisé una carpeta que un compañero levantaba en ese momento, y al caer mi muñeca dio contra su tobillo, y yo me llevé la peor parte. 
No lo recuerdo como traumático: lloraba como una descosida, pero un niño me dio pipas y otro lacasitos, para consolarme, y durante semanas fui la sensación con mi escayola llena de pintarrajos de todos.

14. ¿Primera mascota?
En mi familia no se estila mucho eso de tener mascota, aunque mis tías y mi abuela han tenido numerosos canarios y mi hermana hace años tuvo dos peces. Pero todo son como yo digo "mascotas falsas", porque se puede interactuar poco con ellas...

15. ¿Tus abuelos te solían contar historias de juventud? 
Otra pregunta a la que contesté antes de tiempo en la otra parte del reto.. He de añadir que mi abuelo, aunque murió cuando yo tenía 3 años, escribió sus memorias y nos dejó un legado extraordinario con ellas... disfruté muchísimo leyéndolas hace años, por lo que cuenta y por cómo lo cuenta.

16. ¿Tu entretenimiento favorito de pequeña?
Creo que antes los niños jugábamos y nos aburríamos mucho más que ahora... no recuerdo un entretenimiento especialmente querido por mi, me entretenía muchísimo jugando con mi hermana a casi cualquier cosa. Podría hacer una lista enorme de cosas a las que jugábamos...

17. ¿Recuerdas la llegada de algún nuevo invento a tu casa?
Recuerdo cuando llegó el primer ordenador, grande, blanco, que ocupaba medio salón... y el respeto que nos daba. Me acuerdo la de rato que echábamos todos nada más que practicando en un simple word e imprimiendo cosas a colores... jajaja!!

18. ¿Tenías TV? ¿Blanco y negro o color? ¿Cuántos canales?
Recuerdo desde siempre tener tele en casa, generalmente a color, pero en mi familia permanecían algunas en blanco y negro. Antes había sólo 5 canales: la primera, la dos, canal sur, antena 3 (que en mi casa siempre estaba como cuarto canal, no sé porqué) y telecinco. Poco después llegó canal plus para ocupar el número 6, y pare usted de contar...

19. ¿Te mudaste alguna vez de pequeña?
Me mudé con 8 años a la que ha sido mi casa el resto de mi vida. Lo recuerdo como muy divertido (seguro que a mi madre no se lo pareció tanto). Hay que resaltar que reformamos media parte de la casa años después, mientras vivíamos en ella... tendría unos 13 años o así, y entonces al que le parecía divertido era a mi hermano que con 3 años se lo pasaba pipa con los albañiles.. a mi tanto ruido, tanto polvo y tanto caos no me hizo tanta gracia... pero lo recuerdo con cariño.

20. ¿Recuerdas algún desastre natural en el que se viera involucrada la familia?
Ahora mismo no, y supongo que me acordaría...

21. ¿Algún recuerdo musical? ¿Qué canciones se oían en casa?
En casa siempre ha habido música, y hemos bailado, y hemos cantado villancicos en Navidad mientras poníamos el árbol. He oído a mi madre y a mi padre tararear diariamente... y es algo que hacemos ahora nosotros también. Por eso me llama tanto la atención que mi marido no lo haga...
Agradezco a mis padres, a mi madre más concretamente porque lo hacía más, inculcarnos indirectamente esa alegría de vivir que da la música, en los buenos y en los malos momentos.
Recuerdo especialmente a mi madre pintando un Belén de muchísimas figuras durante varios años, con la música de Enya de fondo, mientras nosotros jugábamos al lado... esa música me transforma.
Y también recuerdo muchos bailes en la cocina con ella, cuando mi hermano era bien chico, que tantas risas nos daban.

22. ¿Algo que te enseñase algún miembro mayor de tu familia?
Muchas grandes y pequeñas cosas que no cabrían en este blog. Destaco el amor por la familia y la capacidad de adaptación.

23. ¿Marcas de tu infancia?
Más o menos las mismas que hay ahora pero con logos más anticuados, jajaja!! El otro día hablaba con el pequeño de que echábamos de menos los Boomer, sobre todo los kilométricos que eran una auténtica decepción :P

24. ¿Coleccionabas algo?
Lo que tocaba en cada momento. Desde fotos de las Spice Girls hasta hojas de cambiar de estas que huelen... por esto nos dio muy fuerte. Recuerdo especialmente un álbum de cromos de la Barbie, cuyas hojas centrales tenían pegatinas removibles y me parecía divertidísimo.

25. ¿Tu recuerdo de infancia favorito?
Qué pregunta más ambiciosa... tengo muchos recuerdos favoritos, no podría elegir uno. Pero la verdad que la mayoría pertenecen a cosas banales del día a día y van asociados a la familia.
Por elegir alguno, los bailes que hacíamos mi hermana, mi primo y yo imitando a La banda del Sur.
No es el favorito, pero da una idea de las cosas a las que me refiero...

Alguien más se anima a bucear en su infancia y su memoria?? A mi me ha emocionado, me ha encantado hacerlo!!


viernes, 3 de febrero de 2017

Reto: Cuando yo era pequeña... (I)

1. ¿Tienen tus padres algún libro de recuerdos de cuando eras pequeña?
Un libro de recuerdos como tal no, creo, puesto que hace 30 años no había los medios ni las ideas que hay actualmente... pero tengo la suerte de ser la primogénita, y sí que tengo algunos álbumes de fotos exclusivamente míos. Mis otros hermanos tienen más fotos que yo, pero compartidas, jeje!
Hace relativamente poco mi madre me regaló una carta que tenía guardada: se la escribió a mi padre poco antes de nacer yo. En aquella época mi madre estaba en Jaén con mis abuelos, esperando a que yo naciera, y mi padre estaba en Figueras trabajando... y no existían tantas formas de estar en contacto... mi madre le explicaba todo lo que sentía en esa época hacia mí, hacia mi padre, y todo lo que estaban viviendo y sintiendo. Es realmente preciosa.

2. ¿Sabes si te llamaron así por alguna otra persona?
Me llamaron así porque a mi madre le gustaba. Me imagino que a mi padre también... pero él estaba emperrado en ponerme como mi madre. Gracias a Dios, mi madre dejo claro que, así tuviera 14 hijas, ninguna se llamaría Antonia, jajaja!!

3. ¿Conoces otros nombres que barajaban tus padres?
Uy, ya he contestado sin querer a esto en la pregunta anterior... jijiji!! 

4. ¿Tu primer recuerdo?
Creo que recuerdo la primera vez que vi a mi hermana, pero no es un recuerdo nítido del todo, por lo que no sé cuánto es real y cuánto inventado/idealizado. 
Mi primer recuerdo real es la última vez que vi a mi abuelo. Yo tendría 3 años y pico. Recuerdo que bajó a mi casa, con un traje de verano marrón y una camisa azul de manga corta. Se quitó la chaqueta, la puso en una silla de mi salón y me dijo "mira en el bolsillo, a ver si hay algo para ti". Saqué una piruleta de corazón y recuerdo su risa al ver lo contenta que me puse yo.

5. ¿Tus padres te leían o te contaban historias? ¿Recuerdas cuáles?
No recuerdo leer un libro así en concreto, pero sí recuerdo que nos contaban historias. A mi hermana y a mí nos encantaba que mi padre nos contara cosas de cuando era pequeño, los días que no había cole nos metíamos en la cama con él por la mañana y nos contaba un montón de cosas. Mi madre también nos ha contado cosas, quizás de pequeñas se dedicaba más a jugar, pero sigue contándonos cosas de nuestros antepasados aún ahora, y es algo que a mí me encanta.
También recuerdo especialmente a mi tía Pili, que en vacaciones me contaba historias porque yo no me quería dormir. Y también, en verano, mi abuela y su hermana se ponían a contar historias, y aunque no lo valoré en su día, sé que muchas de nosotras lo recordamos como algunas de las noches más felices y divertidas de mi vida, porque se ponían a medio discutir por cómo recordaba cada una ciertas cosas, y era una gozada verlas reír de aquella manera.

6. ¿Cuando eras pequeña te acuerdas de lo que querías ser de mayor?
Quería ser periodista, no recuerdo el porqué. Luego la vida me fue encaminando hacia las ciencias... y acabé haciendo farmacia. Quizás porque en mi niñez estaba enamorada hasta las trancas del mancebo de enfrente de mi casa, quien sabe? Nunca pensé en ser farmacéutica o sanitaria cuando era niña, la verdad.

7. ¿Tenías algún profesor favorito?
He tenido profesores más y menos queridos, pero no recuerdo un favorito. De hecho, los grandes profesores de mi vida lo han sido a posteriori, cuando he sido consciente del gran favor que me hicieron en su día siendo tan buenos y exigiendo tanto (en su momento, cuando te aprietan las tuercas, no mola tanto). He tenido la suerte de tener profesores de mates muy, muy buenos (el de 3º y 4º de ESO merece mención aparte) gracias a los cuales yo puedo dar hoy en día clases particulares de lo mismo; mi profesor de Química de 1º de Bachillerato era un auténtico crack, quizás por él empezó a gustarme tanto. Y desde aquí gracias a la hermana MªDolores que, si bien nos hizo duros 5º y 6º de primaria, gracias a ella hoy sé que Valladolid está en Castilla y León, sé posicionarla en el mapa, y tengo una idea de por donde pasa el Duero (cosas que, por desgracia, no saben hacer gran parte de la juventud de este país hoy en día).

8. ¿Cómo solías ir vestida al colegio?
De uniforme, algo que odiaba en su día aunque me permitía tirarme por el suelo en los recreos, y que a día de hoy considero bastante práctico.

9. ¿A qué solías jugar?
Jugaba a casi cualquier cosa, antes los niños éramos mucho más de jugar... Recuerdo que montaba con mi hermana los cumpleaños de nuestros distintos muñecos, con unas cuantas chuches los sentábamos a todos los peluches alrededor de la mesa y nos poníamos moradas nosotras. También jugábamos a gastar bromas telefónicas que nos inventábamos, es decir, no llamábamos a ninguna parte, sino que una llamaba y la otra hacía de la otra persona.
En el colegio, recuerdo que jugábamos a un juego que se llamaba "chorizo" y no recuerdo bien en qué consistía, pero a mi me encantaba. Y también a las palmas, y a juegos que no recuerdo su nombre exacto...

10. ¿Tenías alguna casita de juguete?
No, y mira que mi tía me la prometió, que nos la iba a hacer o no sé qué... y me quedé con las ganas, al final. Eso sí, mobiliario de la Barbie tenía unas cuantas cosas...

11. ¿Algún recuerdo de tu familia en vacaciones?
Muchos. Toda la familia junta, con lo que eso conlleva: estar 15 personas en una casa dos meses son risas, llantos, peleas, juegos, y un poco de todo. Lo he odiado durante toda mi adolescencia, pero reconozco que ahora lo echo de menos.
La alegría que nos daba a mi hermana y a mí que viniera papá unos días. Las horas de llamadas en las cabinas. Las cartas de mis amigas que recibía al volver de la playa. Madre mía...

12. ¿Y alguno de tus primeros cumpleaños o Navidades?
Mi cumpleaños es en Nochebuena, por lo que los recuerdos se entremezclan... Recuerdo que me frustraba no poder celebrar mi cumple con mis amigas del cole, aunque celebrábamos mi santo como tal. Recuerdo estar algunas Navidades mala, con fiebre, allí en mitad de la cena familiar.
Recuerdo, sobre todo, las tardes de Reyes, yendo a casa de mi abuela después de la cabalgata a por los regalos. Las peleas con mis primos por entrar el primero a la habitación porque ese año "te tocaba". La cara que se nos quedaba al entrar a una habitación con todos los regalos montados...

Sacado del blog de Rosana.. algun@ más se anima a contestar??

lunes, 30 de enero de 2017

Motivo 79: Jornada completa

Este año me las prometía felices, de descanso tras una temporada estresante (piso, trombo, boda, entre otros) y de disfrutar de la vida y del tiempo libre sin pretensiones.